QUÉ SON Y CÓMO NOS AFECTAN LAS EXPECTATIVAS | Sos Magia!

QUÉ SON Y CÓMO NOS AFECTAN LAS EXPECTATIVAS

Expectativas

Aquí podés escuchar este artículo en formato de audio 

Hoy te propongo reflexionar sobre las expectativas y quiero compartir algunas cosas geniales con vos! 

Vamos a ver qué son, cuáles son los diferentes tipos de expectativas que podemos tener y te voy a ofrecer una pregunta mágica. 

La semana próxima vamos a seguir hablando sobre este tema para ver qué podemos hacer con las expectativas 

Arrancamos?

DEFINIME EXPECTATIVA!

Las expectativas son lo que esperamos. Lo que damos por sentado que alguien debe hacer. Aquello con lo que contamos que suceda.

Las expectativas, surgen de nuestras creencias

A partir de una creencia sobre cómo son o deben ser las cosas, simplemente esperamos que así sea y cuando no se cumplen esas expectativas, sentimos una emoción displacentera y actuamos en consecuencia. 

Toda nuestra realidad se tiñe del color de nuestra expectativa.

Tenemos expectativas sobre casi todo. Creeme!

Con la finalidad de poder explicarme mejor y mostrarte algunas cosas particulares, voy a separar las expectativas en 3 grandes categorías:

  • las expectativas sobre las situaciones
  • las expectativas sobre los otros (las personas)
  • las expectativas sobre nosotras mismas

Veamos cada una!

1. EXPECTATIVAS SOBRE LAS SITUACIONES

Por lo menos en la mayoría de las situaciones en las que vivimos, esperamos algo

Esperamos que sea divertido, o aburrido. Esperamos que las cosas sucedan en una determinada secuencia. Esperamos que la vida sea justa. Esperamos que haya cosas que no sucedan o que no nos sucedan a nosotras y los nuestros.

A veces lo que ocurre es que eso que esperamos que suceda o no suceda, en la realidad es distinto, y en ese caso, lo que suele pasarnos, como dice una de mis maestras, es que terminamos discutiendo con la realidad.

Te doy un ejemplo: cuando mi hijo tenía 7 años, empezó a tener ataques de epilepsia y durante el primer año, los médicos que lo atendían, me dijeron que podía morirse durante un ataque y que ni ellos ni yo podíamos hacer nada para evitarlo.

Ese año, fue el año más difícil de mi vida. Pero fuera de lo difícil de la situación, veamos con lupa qué ocurría en mi mente.

Yo pensaba que era injusto que un chico de 7 años tuviera que pasar por eso. Que él debería tener una vida normal. Que no debería tener que estar tomando medicaciones que le ocasionaban hemorragias a repetición. No era justo que “mi bebé” tuviera que pasar por tantos estudios una y otra vez. Que no podía ser que yo tuviera que despedirme de él (para siempre) cada vez que lo dejaba en el colegio porque no sabía si lo iba a volver a ver. 

Todo eso, no nos podía suceder a nosotros.

Podés ver mis expectativas y creencias en esto que escribo?

A pesar de todas esas expectativas y todas esas creencias de lo que debía suceder. Lo que ocurría, la realidad, seguía siendo la misma. Era lo que nos pasaba. Y discutir con la realidad, lo único que me generaba era más dolor.

Cuando discutís con la realidad, lo que pasa es que estás en una postura infantil que no te permite hacer demasiado. Te quejás de cómo son las cosas apelando a tu creencia de que deberían ser diferentes. A veces, hasta demandando que las cosas sean diferentes como lo hacía yo en aquel momento.

Discutir con la realidad, además de incrementar nuestro malestar, es una acción poco efectiva y a veces, incluso pasiva si solo se queda en la queja.

Una vez que dejé de discutir con la realidad en aquella experiencia con mi hijo, fui capaz de cambiar de obra social, acceder a instituciones y especialistas en epilepsia, y encontré otro tipo de respuestas y contención. Me sentí mucho más tranquila y en consecuencia, él también lo empezó a vivir de otra manera. Después de un tiempo, mi hijo dejó de tener ataques, hoy tiene 22 años y es un crack 

Dejar de discutir con la realidad y aceptarla especialmente cuando no cumple con nuestras expectativas, nos abre la posibilidad de hacer algo concreto con esa realidad que no nos gusta. Es una actitud adulta y nos permite ejecutar acciones efectivas.

2. EXPECTATIVAS SOBRE LOS OTROS

Esperamos que los otros se comporten de cierta forma. Esperamos que los otros sientan y nos expresen eso que sienten de un modo particular. Esperamos que los otros piensen de determinada manera

Esperamos que los hombres sepan lo que pensamos y nos pasa.

Esperamos que nuestros hijos se porten correctamente, que elijan bien y que sean “buenas personas”. 

Esperamos que nuestras amigas nos escuchen y que nuestros jefes nos reconozcan.

Te doy un ejemplo concreto para mostrarte cómo funcionan las expectativas sobre los otros.

Yo creo que cuando una persona ama a otra, la debe proteger. 

Puede ser que en líneas generales estemos de acuerdo. Sin embargo, es posible que nuestras definiciones de lo que es proteger (creencia), sean muy diferentes.

Hasta hace algún tiempo, mi definición de proteger, especialmente en el ámbito de la pareja, implicaba que mi compañero, no tenía que decirme nada por lo que yo pudiera sentirme mal, tenía que estar atento a cómo yo me sentía a CADA momento, tenía que ponerme en primer lugar SIEMPRE, tenía por supuesto que defenderme en cada oportunidad que lo permitiera (no sólo cuando fuera “necesario”) y finalmente, tenía que evitarme o suavizar cualquier incomodidad que la vida me presentara.

Y estas no eran todas las expectativas que tenía! Esto sólo era en relación a la expectativa de ser protegida!!

Antes de que pienses que estoy loca, quiero contarte que por un lado, yo no compartía estas expectativas (que bastante ridículas suenan!). 

Mi pareja no sabía que yo esperaba todo eso de él. Ni siquiera yo era demasiado consciente de esto. Y esto es lo que pasa con las creencias, que no son muy visibles para nosotras mismas.

Lo que ocurría es que cuando él no se comportaba como yo esperaba, yo me sentía fastidiosa, me enojaba, me sentía no querida o no importante (si me quisiera, lo haría!).

A veces gruñía por que sí ante el más mínimo estímulo sin entender qué me pasaba y por eso tampoco lo expresaba.

Me iba “decepcionando” porque justamente no cumplía con lo que yo esperaba de él o tenía la impresión de que él nunca hacía las cosas “bien”.

Como te imaginarás a estas alturas, todo esto impactó profundamente en mis relaciones de pareja. 

Entonces, por un lado pude sostener estas expectativas por tanto tiempo, porque no las compartía. Si las hubiera compartido, seguramente hubiera podido empezar a cuestionármelas.

Por otro lado, hay algo que hace que las personas se enganchen y puedan permanecer en este tipo de dinámicas por mucho tiempo. 

Estos hombres, también tenían sus propias cuestiones sin resolver que como suele pasar en las parejas, encajaban a la perfección con las mías, así que creo que no pudieron verlo tampoco porque si lo hubieran visto claramente, me habrían mandado a pasear!

Como dijo un antiguo sabio alguna vez, “Dios los crea y el viento los amontona” 

Te invito a pensar en una persona con la que estés enojada, o que te haya decepcionado. Una persona que querrías que fuera diferente.

Y te propongo que pienses qué esperás específicamente de esa persona. 

En las relaciones con otros, nuestras expectativas, generan problemas cuando están basadas en nuestras propias ideas y no en un acuerdo.

Es decir, que si tenés un acuerdo de fidelidad con tu pareja, hay un compromiso de que no van a tener relaciones con otras personas. 

Si tenés un proveedor que se comprometió a enviarte el pedido el jueves y vos te comprometiste a pagar antes del miércoles, hay un compromiso de ambas partes.

En función de esos acuerdos y compromisos, surgen expectativas de ambas partes. Esto es lógico y necesario en las relaciones. En coaching, las llamamos expectativas legítimas.

Lo que no resulta tan funcional, son las expectativas que sólo están en tu mente y que no fueron acordadas como decíamos antes. Estas son expectivas ilegítimas.

El otro, posiblemente ni siquiera sepa lo que se espera de él. No tiene espacio para decir que acepta y entonces cumplir con esta expectativa. Tampoco tiene espacio para negociarla en caso de que lo necesite. Y definitivamente, no tiene espacio para informarte que no está dispuesto a cumplir con esa expectativa.

Cuando tenemos expectativas sobre otros, es como si les diéramos una orden. No hay lugar para la negociación pero fundamentalmente, no hay lugar para el NO. Siempre el otro va a estar en una mala posición si no cumple.

Es importante que pienses si lo que esperás de otras personas está basado en un acuerdo.

Si no hay acuerdo, te invito a que hagas uno 

Si hay acuerdo y la otra persona no cumplió, te invito a que hagas un reclamo. De forma simple, un reclamo consiste en hablar con la persona, repasar el acuerdo que tenían, contarle las consecuencias que tuvo para vos que él no cumpliera con su parte y hacer un nuevo acuerdo para el futuro en función de lo que ambas partes estén dispuestas a hacer.

Tratándose de relaciones, y especialmente en el caso de expectativas NO legítimas (las que generás a partir de tus creencias y donde no hay acuerdo con el otro), quiero cerrar invitándote a reflexionar qué es lo que te perdés por mirar tus expectativas en vez de mirar y conectar con la otra persona, y qué pasaría si lo vieras realmente como es.

3. EXPECTATIVAS SOBRE NOSOTRAS MISMAS

Estas son las cosas que esperamos de nosotras mismas.

Algunas de nosotras damos por sentado que debíamos lograr o ser capaces de conseguir ciertas cosas

Cuando yo estaba formándome como coach, tenía la expectativa de en la primera práctica (la primera!), ser tan buena coach como mi ídolo de aquel momento (Anthony Robbins) que tenía más de 20 años trabajando como coach con miles de personas de todo el mundo.

Claro, si alguien en este mundo, sabe crear expectativas ridículas, esa soy yo! 

Pensamos que deberíamos actuar de ciertas maneras (por ejemplo, deberíamos poder hablarle cariñosamente a nuestros hijos) y no de otras (gritarles cuando nos sentimos desbordadas). 

Pensamos que deberíamos sentirnos de una determinada forma (tranquilas antes de hacer una presentación en el trabajo) y no deberíamos sentir ciertas emociones (nervios, porque es algo que hacemos regularmente). 

Otro ejemplo de cosas que no deberíamos sentir puede ser envidia por una amiga.

Creemos que deberíamos pensar ciertas cosas (si no le intereso que siga con su vida) y no otras (que el hombre que quiero no me llama).

En relación a las expectativas internas, te quiero invitar a reflexionar sobre el costo que tiene para vos sostener estas expectativas.

A veces algunas de nosotras, esperamos demasiado de nosotras mismas

Si tus expectativas son altas, te invito a leer sobre la autoexigencia y la autoaceptación. En ambos artículos, podés encontrar audios con visualizaciones guiadas para poder trabajar más profundamente en estos aspectos 

UNA PREGUNTA MÁGICA

Para cerrar nuestra reflexión de hoy, te quiero ofrecer una pregunta mágica que aprendí de Byron Katie:

qué tipo de mujer serías sin esa expectativa? cómo serías?

Pensalo! De verdad, quién serías?

Hoy reflexionamos sobre qué son las expectativas, hablamos sobre las expectativas sobre las situaciones, sobre las otras personas y sobre nosotras mismas, y te regalé una pregunta mágica para reflexionar 

De esto que conversamos,

  • qué te llevás?

Si te gustó este tema, te invito a leer la segunda parte aquí para descubrir qué podés hacer con las expectativas.

Que tengas una semana espectacular! 

Si conocés a alguien a quien le pueda ser útil este artículo, te invito a compartírselo!

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Hasta la próxima!

Si te interesa explorar en tus expectativas, te invito a escribirme a sesiones@sosmagia.com.ar o enviarme un mensaje aquí para coordinar una conversación de 30 minutos por teléfono o skype totalmente gratuita para que me cuentes un poco sobre vos y el punto en el que estás, y evaluemos la posibilidad de trabajar juntas.

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